Teatro mágico. Entrada sólo para locos. La entrada cuesta la razón.

Fragmentos El lobo estepario de Hermann Hesse.

Como bien dice mi comentario a El lobo estepario, tengo unos cuantos fragmentos que me calaron hasta la médula, tal vez así sueltos no signifiquen mucho pero tanto si lo has leído como si no, estos fragmentos los comparto al mundo con cariño. Señalo las páginas pero son de la edición cuyos detalles dejaré al final.
  • << […] escuche usted la frase: “Hay que estar orgulloso del dolor; todo dolor es un recuerdo de nuestra condición elevada”. ¡Magnífico! ¡Ochenta años antes que Nietzsche!”>> (p. 26)
  • << […] desde sus ventanas oye vivir al mundo y a los hombres y se sabe excluido, pero no se mata, pues un resto de fe le dice que tiene que apurar hasta el fin dentro de su corazón este sufrimiento, este tremendo sufrimiento, que es de lo que, a la postre, habrá de morir.>> (p. 32).
  • << ¡Ah, es difícil encontrar esa huella de Dios en medio de esta vida que llevamos, en medio de este siglo tan contentadizo, tan burgués, tan falto de espiritualidad, a la vista de estas arquitecturas, de estos negocios, de esta política, de estos hombres! ¿Cómo no había yo de ser un lobo estepario y un pobre anacoreta en medio de un mundo, ninguno cuyos fines comparto, ninguno de cuyos placeres me llaman la atención?>> (p.44).
  • << ¿Y quién buscaba entre los escombros de la propia vida el sentido que se había llevado el viento, quién sufría lo aparentemente absurdo y vivía lo aparentemente loco y esperaba secretamente aún en el último caos errante revelación y proximidad de Dios?>> (p. 52).
  • << […] en este sentido los “suicidas” se nos ofrecen como los atacados del sentimiento de la individuación, como aquellas almas, para las cuales ya no es fin de su vida sus propias perfección y evolución, sino su disolución, tornando a la madre, a Dios, al todo. De estas naturalezas hay muchísimas perfectamente incapaces de cometer jamás el suicidio real, porque han reconocido profundamente su pecado. Para nosotros, son, sin embargo, suicidas, pues ven la redención en la muerte, no en la vida; están dispuestos a eliminarse y entregarse, a extinguirse y volver al principio. >> (p. XI, Tractat del lobo estepario).
  • <<No, por todos los diablos, no había poder en el mundo que pudiera exigir de mí pasar una vez más por las pruebas de un encuentro conmigo mismo, con todos su horrores de muerte, de una nueva conformación, de una nueva encarnación, cuyo término y fin no era de ningún modo paz y tranquilidad, sino siempre nueva autodestrucción […]>> (p. 63).
  • <<No corría prisa; mi resolución de morir no era el capricho de una hora: era una fruta sana, madura, criada despacio y bien sazonada, sacudida suavemente por el viento del destino, cuyo próximo soplo había de hacerla caer del árbol. >> (p. 64).
  • <<Ah, dondequiera que mirara, dondequiera que enviase mis pensamientos, en parte alguna me aguardaba una alegría ni un atractivo, en parte alguna atisbaba una seducción, todo hedía a corrupción manida, a putrefacta medioconformidad, todo era viejo, marchito, pardo, macilento, agotado. Santo Dios, ¿cómo era posible? ¿Cómo había podido llegar a tal extremo yo, el joven lleno de entusiasmo, el poeta, el amigo de las musas, el infatigable viajero, el ardoroso idealista?>> (p. 70).
  • << […] ya que la compañía de mí mismo se me había vuelto indeciblemente odiada y me producía tal asco, ya que en el vacío de mi infierno me ahogaba dando vueltas, ¿qué salida podía haber todavía? No había ninguna. ¡Oh, padre y madre míos! ¡Oh, fuego sagrado lejano de mi juventud, oh vosotros, miles de alegrías, de trabajos y de afanes de mi vida! Nada de todo aquello me quedaba, ni siquiera arrepentimiento, sólo asco y dolor. Nunca como en esta hora me parecía que me había hecho tanto daño el mero tener que vivir.>> (p. 83).
  • <<Siempre ha sido así y siempre será igual, que el tiempo y el mundo, el dinero y el poder, pertenecen a los mediocres y superficiales, y a los otros, a los verdaderos hombres, no les pertenece nada. Nada más que la muerte.
    -¿Fuera de eso, nada en absoluto?
    -Si, la eternidad. >> (p. 173).
  • <<La comunión de los santos, que en otro tiempo era representada por los pintores […], no es otra cosa que lo que yo antes he llamado la “eternidad”. Es el reino más allá del tiempo y de la apariencia, hacia ella tiende nuestro corazón, lobo estepario, y por eso anhelamos la muerte. >> (p. 175).
Póster para la película dirigida por Fred Haines.



Datos de mi edición:
Título: El lobo estepario.
Autor: Hermann Hesse.
Traducción: Manuel Manzanares.
Editorial: Colofón, edición especial para Librerías Gandhi.
Año de edición: 2010.
Páginas: 264

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